Notas: 14 noviembre

Posted on Nov 9, 2014 in Notas del programa
Notas: 14 noviembre

14 noviembre • Un cuento de tres sinfonías

Notas del programa de DPO — Laurie Shulman, © 2014
María Angélica Lasso, traducción al español

 

La Sinfonia concertante en Si bemol mayor para oboe, fagot, violín, cello y orquesta, Hob. I:105

Franz Joseph Haydn (1732 – 1809)

HaydnLa ‘Sinfonia concertante’ con la que inicia el programa de esta noche es única en su clase. Cuando Haydn viajó por primera vez a Londres, llegando en enero de 1791, tenía un acuerdo con el violinista y empresario Johann Peter Salomon de escribir una ópera, seis sinfonías, entre otras obras adicionales no especificadas. Haydn haría también apariciones en conciertos.

La ‘Sinfonia concertante’ parece haber sido idea de Salomon. En febrero y marzo de 1792, Ignaz Pleyel, ex alumno de Haydn, causó sensación con una nueva obra para varios solistas en el rival de la serie de Professional Concert. Para no quedarse atrás, Salomon aparentemente instó a Haydn a componer una obra también.

De acuerdo con el biógrafo de Haydn, H. C. Robbins, la partitura autógrafa indica que Haydn la escribió a gran velocidad y probablemente bajo condiciones de estrés. El 2 de marzo de 1792, Haydn le escribió una carta a su amiga Marianne von Genzinger en Vienna, presumiblemente cuando estaba en la carrera de terminar la nueva composición. Su carta refleja la ansiedad y el daño que el intenso ritmo de trabajo estaba causando en él.

[Pleyel] llegó aquí con muchas composiciones, pero las había compuesto hace bastante tiempo; por esta razón, se comprometió a presentar una nueva obra cada noche. Tan pronto vi esto… Anuncié públicamente que yo igualmente produciría 12 nuevas piezas musicales diferentes. Con el fin de mantener mi palabra, y para apoyar al pobre Salomon, debo ser la víctima y trabajar todo el tiempo. Pero realmente lo lamento. Mis ojos son los que más están sufriendo y tengo muchas noches sin dormir, aunque con la ayuda de Dios lo superaré todo.

La ‘Sinfonia concertante’ es la única obra para cuatro solistas y orquesta de Haydn. El inusual cuarteto de estrellas refleja presumiblemente las fortalezas de los músicos en el conjunto de Londres de Salomon. Desde luego, la parte del violín habría de ser interpretada por el propio Salomon; muchos de los otros solos de concertino en las doce Sinfonías de “London” estuvieron también destinadas a él. Los apellidos de los otros tres solistas llegaron a nuestros días solamente a través de reportes de prensa contemporánea: el oboísta Mr. Harrington, el fagotista Mr. Holmes, y el chelista Mr. Menel. Salomon y sus séquitos introdujeron la nueva Sinfonia concertante en el cuarto concierto de su temporada de 1792, el 7 de marzo.

Acerca de la música

La música es una exquisita síntesis de música de cámara y sinfónica. Haydn escribe maravillosamente para sus cuatro solistas, otorgándoles a cada uno primeros planos en varios momentos. El violín es el primero entre iguales, teniendo una ligera ventaja en el virtuosismo, presumiblemente como saludo del compositor a Salomon. Este predominio es más evidente al final, donde el solo del violín tiene tres breves recitativos que interrumpen el proceso.

Los temas atractivos y memorables abundan. El Andante elegante tiene un maravilloso acompañamiento de cuerdas en pizzicato; los vientos orquestales juegan sólo el papel de apoyo más sutil, dejando la complejidad rítmica y lineal al cuarteto de solistas. Haydn está en su momento más alegre al final, con paradas e inicios que lo mantendrán en vilo hasta el final.

Instrumentación

La partitura de Haydn incluye flauta, dos oboes, dos fagotes, dos cornos franceses, timbales, solista de oboe, solista de fagot, solo de violín, solo de violonchelo y cuerdas.

 

Sinfonia da Requiem

Benjamin Britten (1913 – 1976)

CONSULADO BRITÁNICO PREGUNTA SI USTED ESTÁ INTERESADO EN RECIBIR COMISIÓN POR ESCALA COMPLETA OBRA ORQUESTAL SINFÓNICA POEMA SINFÓNICO SUITE DE OBERTURA ENTENDER CUOTA SUSTANCIAL INCLUSO CIENTOS. DICHO SÍ OR FAVOR COMFIRMAR.”

BrittenBenjamin Britten recibió este mensaje cablegrama de Western Union de su editor, Ralph Hawkes, el 22 de septiembre de 1939.

La comisión fue bien recibida — particularmente la generosa cuota que resultó ser superior a £500 — una suma magnífica para esa época. Los detalles surgieron de a poco: la entidad comisionista era un estado extranjero que había contratado compositores en otros cuantos estados occidentales. Ellos requerían una obra que honrara un evento significativo para ese país. El país resultó ser Japón y el evento significativo era la Celebración del aniversario número 2600 del Emperador de la dinastía japonesa. La nueva obra debía entregarse a Tokio para mayo de 1940.

La tarea tenía claramente una carga política. Hawkes le advirtió a Britten, “En el suceso en el que Gran Bretaña y Japón discutieron antes de mayo de 1940, el Consulado británico no podía aceptar responsabilidad alguna y yo estoy bastante de acuerdo con esto.”

Guerra y homenaje

Britten fue enfático en el hecho de que él no escribiría “no jingo” — estás fueron sus palabras hacía Hawkes — y propuso en cambio una Sinfonia da Requiem con connotaciones pacifistas. En abril de 1940, le escribió a su hermana Beth, “Esta es una Sinfonia da Requiem que combina mis ideas sobre la guerra y un homenaje para Mum y Pop.” El padre de Britten murió en 1934 y su madre en 1937. Esta obra fue un modo de honrar la memoria de sus padres y de expresar su dolor. Al mismo tiempo, concibió el segundo movimiento turbulento, una Dies Irae, como una manifestación en contra de la guerra.

En retrospectiva, parece increíble que las autoridades japonesas aceptaran la propuesta de Britten para la pieza. Los movimientos de apertura y cierre de Britten fueron sombríos; el movimiento central, frenético y a ratos violento, obviando celebración alguna. Britten recibió su comisión, pero el comité japonés decidió en última instancia que su pieza era inapropiada para la ocasión al citar la incapacidad de la obra para manifestar festejo por el aniversario 2600 y al observar que era “una música religiosa de naturaleza puramente cristiana”. Ningún elemento japonés estaba presente.

La pérdida para ellos significó la ganancia de la música occidental. La primera presentación tuvo lugar en el Carnegie Hall de Nueva York el 30 de marzo de 1941, con Sir John Barbirolli como conductor de la Filarmónica de New York. Serge Koussevitzky dirigió la Sinfónica de Boston en el estreno de la obra en Boston en enero de 1942.

Acerca de la música

Los tres movimientos de la Sinfonia se desarrollan sin pausa entre secciones. De este modo, la apertura Lacrymosa adquiere el sentido de una larga introducción, con sus potentes golpes de timbales que relacionan los sonidos de la batalla con aquellos de una procesión fúnebre. La atmósfera es ominosa, haciendo alusión a los frenéticos Dies Irae que siguen. Este scherzo torbellino siente un peligro, casi desquiciado, de pesadilla. Solamente en la finalización del Requiem aeternam escuchamos toques del lirismo característico de Britten. En sus armonías y manejo instrumental, este segmento de cierre anhela algunos de los dolorosamente hermosos pasajes de su opera Peter Grimes. La potente y centrada Sinfonia es un logro impresionante para un compositor todavía en sus veinte años.

Instrumentación

La partitura de Britten incluye tres flautas (segunda duplicación piccolo, tercera duplicación flauta alto), tres oboes (dos duplicaciones de corno inglés), tres clarinetes (una duplicación de Requinto, una duplicación clarinete bajo), tres fagotes (dos duplicaciones de contrafagot), seis cornos, tres trompetas, tres trombones, tuba, contralto saxofón opcional, timbales, percusión [xilófono, tambor de lado, látigo, pandero, platillo suspendido, platillo de golpes, bombo, timbal segundo], dos arpas, piano, y cuerdas.

 

Sinfonía No. 8 en Sol mayor, Op. 88

Antonín Dvořák (1841 – 1904)

DvorakDespués de la Orquesta Sinfónica del Nuevo Mundo, el Sol mayor es el predilecto de las grandes obras orquestales de Dvořák. Si bien el Sol mayor comparte con el Nuevo Mundo un sabor profundamente checo y una gran cantidad de melodías, aquel se centra en la simplicidad transparente y sana de la campiña de Bohemia.

Parte del atractivo de la sinfonía es el carácter popular de las melodías en todos los cuatro movimientos. Otra ventaja es la magnífica e imaginativa escritura de Dvořák para los instrumentos de viento. Cada instrumento tiene de manera virtual su oportunidad para solos. Con esto dicho, la flauta sobresale entre iguales.

La mayoría de los bocetos para la Sinfonía el Sol mayor aparecen desde agosto de 1889. Dvořák completó la orquestación a principios de noviembre. El estreno tuvo lugar en Praga en febrero de 1890 bajo la dirección del compositor.

El asombro infantil y el atractivo de Bohemia rústica

Al permitir el predominio de las canciones Bohemias y la música de baile, Dvořák llenó la Octava Sinfonía de un espíritu de celebración, casi infantil, que está presente en los cuatro movimientos. El primer y el último movimiento comparten temas basados en una sencilla triada de Sol mayor, lo cual permite mantener una constante en las emociones. Dvořák se basa en la técnica de variación musical en ambos movimientos.

Los dos movimientos interiores proporcionan contraste y profundidad emocional. El Adagio rapsódico, con sus cantos de aves y carácter melancólico, podría ser un retrato musical de Vysoká, la amada casa de verano del compositor. Alec Robertson, biógrafo de Dvořák, llama este movimiento lento:

…completamente original de principio a fin. Podría presentarse como un tono de poema en miniatura de la vida en una villa Checa descrita por una hombre con gran sensibilidad. Hay un toque de dolor en las armonías de apertura que se hace más pronunciado más adelante.

La atmósfera predominante, sin embargo, permanece decididamente positiva. Se dice que el conductor Checo Rafael Kubelik, en el ensayo de la fanfarria de apertura del final, comentó a una orquesta, “Caballeros, en la Bohemia de trompetas nunca hagan un llamado a la batalla –ellas hacen una invitación a danzar.” Los peculiares ritmos alegres generan golpecitos rítmicos con el pie y sonrisas resplandecientes en los oyentes. En esencia, el final es una introducción (fanfarria), tema y variaciones, y una conclusión. Lo que permanecerá en su memoria son las trompetas ardientes, los trinos exuberantes del corno y una variación fascinante para el solo de flauta.

Instrumentación

La partitura de la Octava sinfonía de Dvořák incluye 2 flautas (segunda duplicación de piccolo); 2 oboes, 2 clarinetes, 2 fagotes; 4 cornos, 2 trompetas, 3 trombones, tuba, timbales, y cuerdas.